Veinticinco años de CREA. Veinticinco años de reproducción asistida en Valencia
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Veinticinco años de CREA. Veinticinco años de reproducción asistida en Valencia

CREA cumple 25 años. Decir CREA es decir reproducción asistida de calidad e innovación. Desde ANACER queremos felicitar a todo su equipo y conocer un poco más de cómo vive este aniversario tan especial.

Para ello hablamos con los dos codirectores de CREA: la doctora Carmen Calatayud Lliso y el doctor Miguel Ruiz Jorro, quien también es director de su área de andrología reproductiva.

Veinticinco años con CREA. ¿Qué supone llegar a esta cifra?

Haber llegado a cumplir estos veinticinco años es algo muy especial, porque el paso del tiempo lo relativiza todo y es ahora cuando puedes echar la vista atrás y confirmar que el proyecto que iniciamos hace tanto tiempo, sigue creciendo y continúa cada vez más vivo. Son 25 años  de experiencias profesionales y personales, de vivencias únicas, de momentos inolvidables. 25 años llenos de sonrisas. Para nosotros todo este tiempo ha pasado muy rápido y, sin embargo, han sido 5 lustros repletos de evolución, innovación, tecnología, investigación y de estar en la vanguardia de la medicina reproductiva española.

¿Habéis calculado a cuánta gente habéis ayudado en todo este tiempo?

Son miles los pacientes tratados y sobre todo, los niños y niñas nacidos. Todo el sacrificio de este trabajo se compensa con creces cuando recibes la visita de unos padres que vienen expresamente a la clínica para que conozcamos a sus niños y otros muchos repiten unos años más tarde para que sus hijos nos conozcan a nosotros. Es algo que nos llena a todos de orgullo y de motivación para seguir trabajando lo mejor posible.

¿Cómo fue la puesta en marcha del centro?

Nosotros nos formamos en el Jones Institute de Norfolk, primer centro de Estados Unidos en conseguir un embarazo por fecundación in vitro. Allí aprendimos, a finales de los 80, a hacer microinyección espermática y otras técnicas de reproducción asistida de las que hemos sido pioneros en España. Tras varios años trabajando en reproducción, en 1993 fundamos CREA, nuestra clínica de reproducción asistida en Valencia. Aún recordamos nuestros inicios, cuando éramos un pequeño equipo de apenas cinco personas, una pequeña familia, que nos habíamos especializado en reproducción asistida, que como se ve, al principio parecía una verdadera historia de ciencia ficción. En 2010 pudimos dar el gran salto, ampliando nuestras instalaciones y construyendo una clínica con unos de los laboratorios de andrología y embriología más avanzados de Europa, que sigue estando en el corazón de la Ciutat Vella de Valencia y que cuenta con más de mil metros cuadrados y 40 profesionales dedicados a la atención personalizada de nuestros pacientes.

¿Cuáles son los cambios que destacaríais? A nivel de Técnicas de Reproducción Asistida, tratamientos, mudanzas tecnológicas…

A lo largo de estos años, hemos tenido la suerte de poder vivir, en primera persona, varias “revoluciones”, como el desarrollo de medicamentos más efectivos y seguros con lo que llevar a cabo protocolos más personalizados de estimulación ovárica e inducción de la ovulación, la mejora en incubadores y medios de cultivo y selección embrionaria,  la aplicación del diagnóstico genético de alteraciones genéticas y/o cromosómicas en los embriones antes de transferirlos al útero, la vitrificación de gametos y embriones,  la implantación de sistemas para mejorar la calidad asistencial o la confirmación de la importancia de estudiar no solo el factor femenino, sino también el masculino.

Los “enemigos” de la fertilidad en España ¿han mudado?

Si consideramos a los enemigos a los causantes de infertilidad, podemos decir que han ido cambiando con la evolución de los tiempos. En los años 80 eran frecuentes por ejemplo los casos de obstrucción tubárica,  sémenes con la movilidad baja, pero la  edad media de las pacientes que consultaban era menor. De igual forma cuando había un caso de factor masculino no disponíamos de los avances de ahora y gran parte de ellos acaban recurriendo al uso de semen de donante. Hoy en día esos mismo casos se pueden tratar sin tener que renunciar a usar sus propios espermatozoides, algo que en aquellos comienzos era impensable.  Sin embargo, con los años la edad de la mujer para ser madre ha aumentado, y los problemas de fertilidad ya no son una obstrucción tubárica sino una baja reserva ovárica, una mala calidad ovocitaria, muchos más casos de endometriosis, pacientes oncológicas… casos que hace 25 años era impensable que pudiéramos tratar.

Por otro lado, el principal enemigo es y ha sido siempre, la mala competencia. La suerte es que en España hay muchos centros de alta calidad y eso hace que exista una muy buena competencia por conseguir mejores resultados y eso ha hecho que la medicina reproductiva española sea referencia de calidad a nivel europeo.

Y, los pacientes que entran en CREA, ¿han cambiado de perfil? ¿Se notan los nuevos modelos de familia?

Sin duda. La fecundación in vitro fue pensada para tratar a mujeres con obstrucción tubárica y las pacientes que acudían eran, en general, de menor edad. Hoy en día nos siguen llegando pacientes muy jóvenes, con muchísimas ganas de conseguir el embarazo, pero con una media de edad mucho más avanzada. Son a su vez pacientes mucho más informadas y que quieren participar activamente en su tratamiento. También ha cambiado radicalmente el tipo de patología por el que hacemos los tratamientos. El factor masculino se ha convertido en uno de los más frecuentes como causa de infertilidad y nos llegan también casos con alta complejidad que hace años era impensable poder tratar pero a los que hoy en día se les puede ofrecer una solución efectiva y sencilla. Tras 25 años los usuarios de las técnicas ya no se limitan a parejas heterosexuales sino que hoy en día es igual de normal atender a parejas de mujeres, mujeres sin pareja, chicas jóvenes que quieren preservar su fertilidad o pacientes oncológicos. La ciencia avanza y se ha ido adaptando a la evolución de la sociedad.

Hablemos de los profesionales de reproducción asistida. ¿Están realmente mejor preparados? ¿Se nota un mayor interés en desarrollar la carrera profesional este campo?

Por supuesto, necesariamente. Muchas clínicas de infertilidad de todo el mundo se fundaron bajo la sombra de un ginecólogo de renombre que contrataba a un biólogo para montar un laboratorio de fecundación in-vitro. Actualmente esto es impensable. Los Centros de RA son equipos multidisciplinares donde cada vez hay más subespecialización y donde la interacción entre sus miembros es fundamental para obtener unos buenos resultados.  La medicina reproductiva es hoy en día mucho más compleja y precisa de interrelaciones con otras especialidades así como de conocimientos legales ya que es la única rama de la medicina con una Ley propia. En definitiva, no solo las normativas sino también los pacientes, son cada vez más y más exigentes.

¿Ha cambiado la relevancia pública del trabajo que se desarrolla en las clínicas de reproducción asistida? ¿Ha sido en algún momento “tabú” decir que se acude a nuestros centros o hablar de su trabajo?

España fue uno de los primeros países del mundo donde se hicieron tratamientos como la donación de semen, la inseminación artificial o la fecundación in-vitro. También la ovodonación, de la que somos referencia a nivel mundial. Al principio no solo era tabú para muchas parejas sino que lo veían como una “desgracia que les había tocado y que no se merecían” y lo llevaban en secreto aumentando así la carga de estrés y ansiedad. Con el tiempo se ha ido normalizando más o menos.

Nuestra sociedad también ha evolucionado a pasos de gigante durante las últimas décadas, a la vez que nuestra legislación. Todo esto ha hecho que la reproducción asistida sea hoy en día bien aceptada, aunque es cierto que nuestra historia y nuestra cultura es la que es y aun hay quien ve con reticencia hablar de reproducción. Especialmente los varones relacionan aún su fertilidad con su virilidad. Por eso es fundamental implicarles en los tratamientos de reproducción.

La doctora Carmen Calatayud fue la primera presidente de ANACER. ¿Cuál es tu opinión del momento de nuestra asociación?

Creo que la asociación ha ido evolucionando y potenciando el apoyo y la simbiosis entre diferentes centros formados por gente muy distinta pero que sin embargo todos tenemos un objetivo común que nos hace capaces de reunirnos para intercambiar experiencias y conocimientos , cosa que podría parecer impensable entre profesionales que a la vez somos competencia.

La gran mayoría de los socios somos centros medianos o pequeños que sabemos que solos lo tenemos difícil de cara a instituciones, administraciones… incluso a competir con los grandes inversores y empresas de capital riesgo que han puesto su punto de mira en la reproducción asistida, y que sus objetivos no son los mismos que los nuestros. Pero nosotros tenemos muchos años de experiencia, muchos estamos en este campo desde sus inicios y seguimos convencidos de que no debe perderse el trato personalizado, la relación médico-paciente y que el intercambio de conocimientos entre nosotros nos hace fuertes, ya sabes, “la unión hace la fuerza”.

¿Os atrevéis a hacer alguna predicción sobre la profesión en los próximos años?

Hoy, en 2018, 25 años después, seguimos con  mil proyectos en nuestra cabeza y con el mismo objetivo de seguir estudiando, investigando y aprendiendo para poder crear y compartir muchas más sonrisas, a lo largo de muchos años más, con aquellos que cada día nos regalan su confianza para que les podamos ayudar en esta apasionante aventura de ser padres.

El campo de la medicina reproductiva no deja de evolucionar. No lo ha hecho durante estos veinticinco años, pero es que el futuro se presenta, si cabe, más emocionante.

El desarrollo de nuevos métodos de selección de gametos y embriones, la robotización,  la creación de gametos a partir de células somáticas, la reparación de anomalías genéticas en el embrión y en conjunto, el avance de la genética reproductiva, requerirán, de los profesionales de la reproducción, la capacidad de adaptarse a toda esta innovación, sin perder nunca de vista nuestros valores y los de nuestros pacientes. Este es el verdadero reto para los próximos 25 años.



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